Desde siempre me ha
gustado aprender, y afortunadamente he tenido medios y canales para dar rienda
suelta a mi sed de conocimiento. Me vienen muchos recuerdos de los libros,
sobre todo de enciclopedias que había por mi casa. Algunas de ellas eran de mi
hermana mayor, ya que solían regalárselas para los estudios, que por aquellos
tiempos todavía eran la fuente principal para aprender. Y ahí empezó mi relación
con la cultura. No obvio el colegio, pero me gustaba enredar por mi cuenta en
enciclopedias. Me viene a la cabeza una, no recuerdo como se llamaba, pero me
acuerdo de lo que me gustaba la parte que tenía que ver con el espacio y los
planetas. Recuerdo la primera vez que vi una foto del Sol tomada con un
telescopio, y lo que me flipó. Supongo que ahí comenzó mi afición por la
astronomía que luego me condujo a escribir ciencia-ficción, pero me estoy
adelantando. Por aquel tiempo la fuente principal para aprender eran los libros
y las bibliotecas, (todavía son una buena fuente de conocimiento y siempre lo
seguirán siendo). Luego hubo una época en que a mi hermana la compraron la
enciclopedia “Larousse” y por alguna razón a mí me encantaba leerme el tomo que
iba de la “C” a la “G”, que cosas… En el cole mi asignatura preferida era la de
Cono, es decir Conocimiento del
Medio, ahí aprendí geografía, luego historia, etc.
Una vez nos llevaron al
colegio unos pósteres con el mapamundi, y yo les pedí a mis padres que me
compraran uno. En esa época debía tener 9 años o así y uno de mis pasatiempos
era ponerlo en el suelo y mirar cada país, lo que me llevó a conocerme todos
los países y sus capitales. También había otra fuente en la que aprendía como
una esponja, los documentales que daban en la tele y en la tele por cable. Que
conste que me refiero a auténticos documentales no a los de alienígenas
ancestrales, aventura en pelotas, pesca radical o en los que compran trasteros
que dan ahora. Alguna vez los he visto pero ahí no hay nada que aprender. Pero
hacia el año 2000-2001 llegó una auténtica revolución a mi casa, ya que a mi
hermana la regalaron un ordenador. Internet llegó a mi vida un tiempo después
ya que al principio no lo teníamos en casa, pero si en los cibercafés. Eso fue
una auténtica gozada para mí, y aunque internet aún no tenía el trafico actual,
yo buscaba todo lo que tenía que ver con astronomía, ciencia, historia,
geografía, y bueno algo de Pokémon, Digimon, Mortadelo y Filemón, videojuegos,
coches y los emails con lo que yo llamaría protomemes.
Con el tiempo en el
colegio y en el instituto tuvimos la asignatura de informática, y también había
profesores que reservaban la sala de informática para ver contenidos para las
asignaturas. Recuerdo que empecé a conocer una de las primeras enciclopedias
digitales, la Encarta de Microsoft en la que me encantaba perderme durante
horas. En el instituto aprendí a utilizar mejor internet para aprender y
estudiar, época en la que apareció la Wikipedia. Por aquel entonces la
Wikipedia no tenía muy buena fama entre los profesores, así que ahí aprendí a
no fiarme de la primera fuente que veía y a contrastar un poquito. Otra cosa
que también tenía mala fama entre los profesores era El Rincón del Vago, que no
es que fuera una fuente más fiable o “legal”, pero a veces salvabas algún
trabajo de un libro infumable. Aclaro que soy un devorador de libros y que
desde hace pila de años escribo reseñas de libros por placer. Sin embargo con
16 años a veces te ponían a leer libros para los que no tenías la madurez suficiente.
Con veintitantos años pude apreciar novelas que de adolescente no hubiera
entendido y disfrutado.
Con el tiempo Wikipedia
se convirtió en una fuente de calidad para aprender. Por esos años ya se había
puesto de moda San Google para buscar
cada duda que tuvieras, estaban los foros, llegaban las redes sociales, YouTube
ya empezaba a llenarse con los primeros tutoriales… Empecé a volver a ver los
documentales que tanto me gustaban colgados en YouTube o alguna otra web con
videos. Me acuerdo de que la primera vez que vi Cosmos de Carl Sagan fue en
YouTube, así que ya tenía otro lugar en el que buscar lo que me interesaba. Y
cuando empecé a escribir novelas de ciencia-ficción allá por el 2011 internet
era mi fuente principal para documentarme, aunque no dejé las enciclopedias
físicas y demás fuentes en papel. Por aquel entonces ya devoraba novelas, una
detrás de otra, lo que me llevó a ser mejor escritor y a disfrutar de la
cultura como nunca antes.
Y así he seguido hasta
hoy mismo, época en la que tenemos las aplicaciones y algoritmos con IA
generativas, el ejemplo de ChatGPT o Gemini. Aquí ya no he experimentado tanta
pasión ya que aunque las he utilizado alguna vez, (de hecho tengo la app del ChatGPT
en el móvil), no me resultan demasiado útiles. Y que conste que no las
desprecio del todo, bien utilizadas pueden ser una herramienta más para acceder
al conocimiento, (y un montón de cosas más) pero al final son propiedad de
gigantes tecnológicos regentados por magnates que ya sabemos con que ola
reaccionaria comulgan hoy en día. Por eso no las pienso usar como mi única
fuente para informarme, documentarme y seguir aprendiendo. Y no es una cuestión
de cuantos años tengo en mi colección, sino porque no quiero dejarme llevar por
unos algoritmos que pueden programarse según los intereses de determinada
empresa tecnológica, oligopolio o país.
Quiero seguir siendo el
dueño de mis fuentes de conocimiento, cosa que hoy en día ya parece constituir
un acto de rebeldía. Así que seguid manteniendo abiertos todos los medios
físicos o electrónicos para aprender o consultar lo que os dé la gana sin
depender siempre de lo que diga el algoritmo. En resumen, aprovechad a llenaros
el coco de cultura y nuevos conocimientos, porque al final como decía un profesor
de lengua y literatura que tuve en el instituto: “la ignorancia es la madre del
fascismo”.



