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LA WIKIPEDIA ENTRE MIS HOMBROS

 


Desde siempre me ha gustado aprender, y afortunadamente he tenido medios y canales para dar rienda suelta a mi sed de conocimiento. Me vienen muchos recuerdos de los libros, sobre todo de enciclopedias que había por mi casa. Algunas de ellas eran de mi hermana mayor, ya que solían regalárselas para los estudios, que por aquellos tiempos todavía eran la fuente principal para aprender. Y ahí empezó mi relación con la cultura. No obvio el colegio, pero me gustaba enredar por mi cuenta en enciclopedias. Me viene a la cabeza una, no recuerdo como se llamaba, pero me acuerdo de lo que me gustaba la parte que tenía que ver con el espacio y los planetas. Recuerdo la primera vez que vi una foto del Sol tomada con un telescopio, y lo que me flipó. Supongo que ahí comenzó mi afición por la astronomía que luego me condujo a escribir ciencia-ficción, pero me estoy adelantando. Por aquel tiempo la fuente principal para aprender eran los libros y las bibliotecas, (todavía son una buena fuente de conocimiento y siempre lo seguirán siendo). Luego hubo una época en que a mi hermana la compraron la enciclopedia “Larousse” y por alguna razón a mí me encantaba leerme el tomo que iba de la “C” a la “G”, que cosas… En el cole mi asignatura preferida era la de Cono, es decir Conocimiento del Medio, ahí aprendí geografía, luego historia, etc.

Una vez nos llevaron al colegio unos pósteres con el mapamundi, y yo les pedí a mis padres que me compraran uno. En esa época debía tener 9 años o así y uno de mis pasatiempos era ponerlo en el suelo y mirar cada país, lo que me llevó a conocerme todos los países y sus capitales. También había otra fuente en la que aprendía como una esponja, los documentales que daban en la tele y en la tele por cable. Que conste que me refiero a auténticos documentales no a los de alienígenas ancestrales, aventura en pelotas, pesca radical o en los que compran trasteros que dan ahora. Alguna vez los he visto pero ahí no hay nada que aprender. Pero hacia el año 2000-2001 llegó una auténtica revolución a mi casa, ya que a mi hermana la regalaron un ordenador. Internet llegó a mi vida un tiempo después ya que al principio no lo teníamos en casa, pero si en los cibercafés. Eso fue una auténtica gozada para mí, y aunque internet aún no tenía el trafico actual, yo buscaba todo lo que tenía que ver con astronomía, ciencia, historia, geografía, y bueno algo de Pokémon, Digimon, Mortadelo y Filemón, videojuegos, coches y los emails con lo que yo llamaría protomemes.


Con el tiempo en el colegio y en el instituto tuvimos la asignatura de informática, y también había profesores que reservaban la sala de informática para ver contenidos para las asignaturas. Recuerdo que empecé a conocer una de las primeras enciclopedias digitales, la Encarta de Microsoft en la que me encantaba perderme durante horas. En el instituto aprendí a utilizar mejor internet para aprender y estudiar, época en la que apareció la Wikipedia. Por aquel entonces la Wikipedia no tenía muy buena fama entre los profesores, así que ahí aprendí a no fiarme de la primera fuente que veía y a contrastar un poquito. Otra cosa que también tenía mala fama entre los profesores era El Rincón del Vago, que no es que fuera una fuente más fiable o “legal”, pero a veces salvabas algún trabajo de un libro infumable. Aclaro que soy un devorador de libros y que desde hace pila de años escribo reseñas de libros por placer. Sin embargo con 16 años a veces te ponían a leer libros para los que no tenías la madurez suficiente. Con veintitantos años pude apreciar novelas que de adolescente no hubiera entendido y disfrutado.  

Con el tiempo Wikipedia se convirtió en una fuente de calidad para aprender. Por esos años ya se había puesto de moda San Google para buscar cada duda que tuvieras, estaban los foros, llegaban las redes sociales, YouTube ya empezaba a llenarse con los primeros tutoriales… Empecé a volver a ver los documentales que tanto me gustaban colgados en YouTube o alguna otra web con videos. Me acuerdo de que la primera vez que vi Cosmos de Carl Sagan fue en YouTube, así que ya tenía otro lugar en el que buscar lo que me interesaba. Y cuando empecé a escribir novelas de ciencia-ficción allá por el 2011 internet era mi fuente principal para documentarme, aunque no dejé las enciclopedias físicas y demás fuentes en papel. Por aquel entonces ya devoraba novelas, una detrás de otra, lo que me llevó a ser mejor escritor y a disfrutar de la cultura como nunca antes.



Y así he seguido hasta hoy mismo, época en la que tenemos las aplicaciones y algoritmos con IA generativas, el ejemplo de ChatGPT o Gemini. Aquí ya no he experimentado tanta pasión ya que aunque las he utilizado alguna vez, (de hecho tengo la app del ChatGPT en el móvil), no me resultan demasiado útiles. Y que conste que no las desprecio del todo, bien utilizadas pueden ser una herramienta más para acceder al conocimiento, (y un montón de cosas más) pero al final son propiedad de gigantes tecnológicos regentados por magnates que ya sabemos con que ola reaccionaria comulgan hoy en día. Por eso no las pienso usar como mi única fuente para informarme, documentarme y seguir aprendiendo. Y no es una cuestión de cuantos años tengo en mi colección, sino porque no quiero dejarme llevar por unos algoritmos que pueden programarse según los intereses de determinada empresa tecnológica, oligopolio o país.

Quiero seguir siendo el dueño de mis fuentes de conocimiento, cosa que hoy en día ya parece constituir un acto de rebeldía. Así que seguid manteniendo abiertos todos los medios físicos o electrónicos para aprender o consultar lo que os dé la gana sin depender siempre de lo que diga el algoritmo. En resumen, aprovechad a llenaros el coco de cultura y nuevos conocimientos, porque al final como decía un profesor de lengua y literatura que tuve en el instituto: “la ignorancia es la madre del fascismo”. 






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